A mí me duele mucho más de lo que a tí te está doliendo...

Respiro y me centro donde estoy. Un calor sube de mi estómago hacia mis mejillas. Sus dedos fríos rozaron mi rostro y suspiré. Alejé su mano un tanto insegura. "No necesito esto ahora", le dije. Frunció el ceño y se fue.
Me coloqué los auriculares y comencé a caminar hacia mi casa. Era imposible no sentir el clima húmedo y helado que la caída del sol nos presentaba. Faltaban pocas cuadras para llegar, ya estaba cerca, pero un golpe en la cabeza me apagó. Mi cuerpo dejó de responder.
Desperté y todo estaba oscuro, solamente podía sentir el olor a encierro y las ruedas del automovil deslizarse por el pavimento. "¿Dónde estoy?", me pregunté. Claramente lucidez era lo que me faltaba en ese momento.
Comencé a sentir voces que provenían de algún lugar. Todavía no entendía lo que pasaba en ese instante. Hasta que una frenada hizo darme cuenta dónde estaba: en el baúl. Se escuchó cómo se abría una de las ventanillas. "Buenas tardes muchachos, ¿Puedo pedirles los documentos del auto?", pronunció una mujer, supuse que era policía.
Intenté pedir auxilio, pero mi garganta tenía un nudo. Mis lágrimas brotaron de los ojos por la impotencia que me provocaba no poder gritar. "¡Dejame gritar!", pensé. Ni en mis peores sueños me sucedía algo así.
"Está todo perfecto, pueden seguir", escuché e inmediatamente comenzamos a movernos. Por lo que pude oír nos alejábamos de la ciudad. No había bocinas, ni gritos, ni frenadas, sólo la música del estéreo, las voces de las personas y mi soledad.
A pesar de estar con gente cerca me sentí completamente sola. Comencé a pensar en las razones por las que estaba ahí, en lo que el destino me deparaba. "Mi mamá va a preocuparse mucho", me decía a mí misma. Las ideas me recorrían como escalofríos, mi familia, mis amigos, mi pareja, todos iban a enloquecer al notar que ya no estaba allí. "Mi mamá va a morirse de angustia", susurré entre lágrimas. A la mente se me vinieron cientos de imagenes y de mujeres buscadas por sus allegados, "Hoy me toca a mí", no dejaba de atormentarme. Poco a poco el cansancio me venció y logré dormirme entre tanta angustia.
En un momento, una luz hizo que me quemaran los ojos, dos siluetas masculinas se asomaron. "Simplemente mátenme", supliqué. No estaba preparada para aquello.

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