Cómo eran las cosas

Era prácticamente imposible pensar en otra cosa. Su nombre retumbaba en mi cabeza. No podía dejar de escucharlo. Provocaba que mi corazón se estruje. Por cada momento que recordaba junto a él, caía una lágrima.
No quería que terminara. Aunque ya no podía hacer más nada. Él había tomado la decisión. Mejor dicho, no tuvo el valor para tomar una decisión. 
Mi copa de vino se llenó de tristeza. Sorbo a sorbo iba tragando la amargura que me producía el recordarlo. 
Un fuerte dolor en mi panza hizo darme cuenta que esta situación ya estaba yendo más allá de una simple angustia. Mi cuerpo estaba sufriendo junto conmigo. 
Me recosté hecha un ovillo y lloré. Lloré tanto que terminé soñando que nada de esto pasaba. Que no te conocía, que nunca te respondía ese primer mensaje que me enviaste. ¿Cómo eran las cosas en aquel momento? ¿Cómo eran antes de que te alejes?
Mis sueños comenzaron a tomar otro rumbo y a transformarse en imágenes donde se nos veía felices, riéndonos. Nunca le había dicho lo mucho que me gustaba su sonrisa.  
Desperté. Observé a mi al rededor y no era igual. Nada lo era. Él ya no estaba, no lo tenía abrazándome. Estaba en soledad era testigo de aquello que no fue. Testigo del barco que se hundía sin sus tripulantes. Lo que vivimos quedó sepultado en el mar. 

Comentarios

Entradas populares