~ Estaba enfermo de amor, estaba enfermo...
Mi celular sonó y salté de la cama, "Que no sea él", pensé con temor. Me acerqué para ver quién llamaba pero dejó de sonar. Lo agarré y leí el mensaje que había llegado: "Cuando te vea te voy a matar.".Yo sabía que esas palabras eran ciertas. ¿Cómo lo sé?, porque días atrás cuando descubrió que un amigo me había escrito para saber cómo estaba se alteró por completo. Rompió un vidrio de su casa, en ese momento lo que me salvó fue que su mano estaba bañada en sangre después de haberse cortado.
Desde entonces me alejé de él, no atendí sus llamadas ni leí sus mensajes. Lo único que hice fue llorar. ¿Por qué no fui a la comisaria?, fui, pero al llegar allá me dijeron que no podían tomar mi denuncia porque todavía no me había golpeado. 'Todavía no me había golpeado', como si el dolor sólo se causara con la violencia física, como si "sos una puta de mierda", no doliera.
No podía entender en la persona que él se había convertido, esa persona que decía que me amaba y que no quería que me pase algo malo, la persona que no permitiría que yo sea infeliz. Me encerró en una caja de cartón, para aislarme de todos, porque según él, todos querían lastimarme, todos querían alejarnos y querían vernos separados. ¡Qué ilusa que fui!, todo este tiempo creía que él me cuidaba, pero simplemente me trató como si fuera de su propiedad.
Un golpe en la puerta hizo que mi corazón se acelere y mi respiración se entrecorte. Sabía que era él, y que iba a cumplir con lo que me había mandado. Corrí lo más rápido que pude y me escondí debajo de la cama. Temblando y con mis manos casi inutilizables intente llamar a emergencias.
Cuando me atendieron intenté hablar lo más bajo posible para que él no me encuentre. Estaba dentro de la casa, se sentían los portazos que pegaba cuando al entrar en una habitación no me encontraba. Pero tarde o temprano lo iba a hacer, iba a oler mi miedo.
Mientras el chico que estaba al otro lado del teléfono tomaba mis datos sentí como la puerta en la habitación se abrió: "Está acá", dije en voz baja.
El sonido de sus borcegos al pisar la madera producían un chillido que me estremecía cada vez más. Abrió los placares y gritó: "¿Dónde mierda estás hija de puta?", mientras yo, me estaba ahogando abajo de la cama.
En un momento siento que algo envuelve mi tobillo izquierdo y me saca en menos de un segundo de aquel 'escondite'. Automáticamente lo miré. No era la versión que me había vendido. Estaba totalmente cambiado. "Te encontré soreta", me dijo agarrándome de los pelos. "Ahora si que no te vas a escapar más", esas dos frases me hicieron sentir que ya estaba condenada. "Soltame por favor", le rogué entre lágrimas y con furia me tiró sobre la cama. "Mirá como hacés que me ponga con esa idea de mierda de no querer verme más. ¿Te pensabas que te la vas a llevar de arriba pendeja?, ¿Que no ibas a pagar por lo que hiciste?", de un momento al otro, se sube sobre mí y me toma del cuello.
Su presión era tal, que en pocos segundos comencé a sentir calor en mis mejillas y, al estar ahogándome, intente con las pocas fuerzas que me quedaban quitar sus manos. Al lograrlo acercó su cara a la mía y me dijo: "Encima tenés el descaro de defenderte", fue tanta la bronca que junté saliva y le escupí la cara. Eso hizo que se aleje y yo pueda salir corriendo.
Al llegar a la puerta principal me encontré con que estaba cerrada con llave, ni perdí el tiempo en buscarlas, sabía que él las tenía. Sentí cómo su mano rosaba mi cuello lentamente, "Sabés que te amo, ¿Por qué querés alejarte de mí?", comenzó a besarme con suavidad, hasta que volteé y de un rodillazo lo dejé tirado en el piso. "Hija de puta, te voy a matar", me gritaba, mientras yo, corría hacia la cocina, donde la ventana daba a la casa de mis vecinos. "Ayuda", comencé a gritar con desesperación, pero era inútil, él ya estaba agarrándome del pelo.
Con fuerza me tiró al piso y comenzó a golpearme. Cada golpe que impactaba sobre mi cara, me alejaba cada vez más de la realidad. Poco a poco, dejé de sentir dolor. Me sentí libre, ya no iba a sufrir más.
Mi corazón se calmó, mi respiración dejó de estar entrecortada. Mis lágrimas se transformaron en sangre, ¿y mi cara?, desapareció. Había dejado de ser yo.


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