~ Poder decir 'Adiós'...
"No están más, se volaron.", escuché. Miré al cielo y vi cientos de pájaros surcar el viento. Respiré hondo, jamás sentí el aire tan puro. No me arrepentía de estar allí, pero sí me arrepentía de haber ido con él.
Miré hacia mi derecha y estaba allí, sentado a los pies de un árbol intentando encontrar señal telefónica. No paraba de quejarse, y yo... me seguía lamentando.
No dejaba de pensar que él no es el amor de mi vida. Lo miraba y lo pensaba. Él era un escape, para no enfrentar al amor verdadero. Aquel amor imposible y que, por quedarme en mi zona de comodidad, lo perdí.
Mientras escuchaba las quedas de la persona que es mi marido, recordaba el momento en el que vi por primera vez al amor de mi vida. Fue en el cumpleaños de una compañera de la facultad. No conocía a mucha gente, por eso estaba apartada de todos, observando como las personas conversaban, se reían y bailaban. Un golpe en el brazo hizo que lo que estaba tomando, caiga al suelo. "Disculpá.", sentí en mi oído. Al darme vuelta me crucé con los ojos más hermoso del mundo. Eran oscuros e impenetrables, lo que me provocaba aún más interés en ellos. Sonreí y sentí que mis mejillas ardían del calor que sentía. Me entregó su bebida y se fue.
Después de buscarlo durante toda la noche, volví a cruzarme con su mirada. Era imposible mantenerme seria, la sonrisa se marcaba instantáneamente. "Te estuve buscando toda la noche.", me confesó con una amplia sonrisa en sus labios. Allí comenzó nuestra historia y, aunque no lo crean, jamás terminó.
La distancia nos separó, pero siento cuando él me piensa y sonrío cuando él lo hace. Quizá, algún día, la vida nos vuelva a cruzar y podamos ser felices de verdad, pero mientras tanto, tendré que conformarme con este extraño ser que depende de un aparato electrónico y que lo único que le interesa es el dinero. Tal vez por eso lo elegí, porque tenía miedo de enamorarme de otra persona, pero soy de esas que creen que el amor llega una sola vez a tu vida y que depende de vos aprovecharlo y jugártela, ó no. Yo dejé que se fuera y, diez años después, sigo lamentando no haberme arriesgado.
En algún momento, voy a tener que alejarme de aquel recuerdo que tanto me lastima y me impide avanzar. ¿Será pronto ó costará diez años más?.
Miré hacia mi derecha y estaba allí, sentado a los pies de un árbol intentando encontrar señal telefónica. No paraba de quejarse, y yo... me seguía lamentando.
No dejaba de pensar que él no es el amor de mi vida. Lo miraba y lo pensaba. Él era un escape, para no enfrentar al amor verdadero. Aquel amor imposible y que, por quedarme en mi zona de comodidad, lo perdí.
Mientras escuchaba las quedas de la persona que es mi marido, recordaba el momento en el que vi por primera vez al amor de mi vida. Fue en el cumpleaños de una compañera de la facultad. No conocía a mucha gente, por eso estaba apartada de todos, observando como las personas conversaban, se reían y bailaban. Un golpe en el brazo hizo que lo que estaba tomando, caiga al suelo. "Disculpá.", sentí en mi oído. Al darme vuelta me crucé con los ojos más hermoso del mundo. Eran oscuros e impenetrables, lo que me provocaba aún más interés en ellos. Sonreí y sentí que mis mejillas ardían del calor que sentía. Me entregó su bebida y se fue.
Después de buscarlo durante toda la noche, volví a cruzarme con su mirada. Era imposible mantenerme seria, la sonrisa se marcaba instantáneamente. "Te estuve buscando toda la noche.", me confesó con una amplia sonrisa en sus labios. Allí comenzó nuestra historia y, aunque no lo crean, jamás terminó.
La distancia nos separó, pero siento cuando él me piensa y sonrío cuando él lo hace. Quizá, algún día, la vida nos vuelva a cruzar y podamos ser felices de verdad, pero mientras tanto, tendré que conformarme con este extraño ser que depende de un aparato electrónico y que lo único que le interesa es el dinero. Tal vez por eso lo elegí, porque tenía miedo de enamorarme de otra persona, pero soy de esas que creen que el amor llega una sola vez a tu vida y que depende de vos aprovecharlo y jugártela, ó no. Yo dejé que se fuera y, diez años después, sigo lamentando no haberme arriesgado.
En algún momento, voy a tener que alejarme de aquel recuerdo que tanto me lastima y me impide avanzar. ¿Será pronto ó costará diez años más?.



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